martes, 31 de julio de 2007

Lin-Lin es taiwanesa de pura cepa; el sentimiento, salvando las distancias, es similar a aquel que afirma que es de Bilbao hasta los tuétanos. De esos que rugen cuando se mancilla el nombre de su tierra. Pero ella, a diferencia de mi alma rojiblanca, puede escuchar los espíritus de sus ancestros vagando por los bosques de Formosa. Su familia es nativa, nacida de estas tierras. Su lengua materna es el taiwanés. Para ella, escuchar “China” se asemeja a oír el miedo anunciado en tambores de guerra, oler el humo de los fuegos hostiles acercándose a arrasar las tierras de sus antepasados. La cobra y el dragón que adornan su espalda están protegidos por el sol de la bandera taiwanesa, que a pesar de ser un símbolo introducido por un Kuomingtang autoritario y censor ha calado en el corazón de los isleños como una enseña de libertad y soberanía nacional. “Taiwán”, me cuenta Lin-Lin, “es como un fénix; cuántas veces ha muerto, aplastado por otros: españoles, portugueses, holandeses, manchúes, japoneses y chinos. Pero siempre sigue adelante...” Mientras, se tocaba con cuidado el hinchado muslo, donde el tatuaje que se hizo en Ximenting la noche anterior, su fénix, su Taiwán, seguía recordándole punzada tras punzada que a este país todavía le quedan muchas piedras por esquivar. [Se me pasó contaros que el viernes, antes de volver a casa, estuvimos dos horas y media encerrados en un tugurio de mala muerte mientras Lin-Lin se tatuaba el fénix que habíamos diseñado con el artista del local].

Mientras, yo me iba viendo capaz de compartir ese sentimiento: patria, hogar... Del mismo modo en que la familia es más que un lazo de sangre, la patria es mucho más que fronteras e himnos. Un rincón, un sentimiento, un alguien, pueden ser para un hombre su único y verdadero hogar. Aquello por lo que irías a la muerte sin un sólo atisbo de duda, como la sangre a la herida... Sí, quizá...Quizá un vahído de esta isla también vuela por estos vientos que me soplan pecho adentro.

De todo esto hablábamos en el peor museo que he visitado en mi vida. Entramos bastante ilusionados (era un museo sobre la cultura aborigen, de ahí toda la conversación patriótica), pero pronto se nos fue el calentón. Aún debíamos pasar un rato entre sus pasillos, si queríamos evitar las peores horas de sol, así que nos descalzamos y nos repantingamos al lado de una estatua que parecía estar moliendo arroz. Creo que no había nadie más en el museo, por lo que no tuvimos ningún reparo en airear los pedernales. La conversación fue apasionante, sobre los miedos de la isla, sus supersticiones, las manías, los olores, lo que ambos conocíamos o creíamos conocer de Taiwán...Me contó la historia del 2-28 (lo que nosotros llamaríamos el 28-F), que prometo narraros algún día (merece la pena, es conmovedora).

Decidimos adelantar nuestra visita a Tamsui, suerte de rincón portuario con numerosos chiringuitos para comer y más mercadillos pintorescos (lo de esta isla con el consumismo supera los límites de la definición de “bacanal”). Nos esperaba un largo viaje en metro, en el que caímos incoscientes, un tanto achicharrados y con los pies como el carbón. Ya paseando cerca del mar, el agua salina nos despertó el apetito, así que compramos un poco de comida: un tanto de sepia asada, unos pinchos de tofu frito, otra pizca de carne —de "algo" —. Con el rancho nos sentamos al borde del mar, y disfrutamos de la semicena bendecidos por la puesta de sol. Tras el papeo, dimos unas cuantas vueltas por el sitio, agotando las horas antes de volver a casa (esa noche teníamos que esperar, antes de salir a la fauna nocturna, a que llegase mi hermana del aeropuerto). Laberínticas calles y más neones...Como si todos los colores del mundo hubieran decidido al mismo tiempo bailar en círculos a gran velocidad, por diminutos tubos de cristal...Colgados del cielo, parecen batutas aceleradas, que marcan el ritmo a un barrio que resuena bocinas, griteríos y el enmudecido grito del mar.


Pero nosotros íbamos ajenos a la prisa, no por no tenerla, sino de puro no poder... Los callos de los pies prometían tortura, pero sólo sabríamos que conservábamos los cinco dedos después de la ducha que lavó las capas de mugre recolectadas con esmero a lo largo del día. Antes de entrar en casa, más comida: una sopa enorme de sangre de cerdo coagulada (no pongáis ese jeto de el-Fary-comiendo-limones, que la castiza morcilla es el mismo pringue con arroz) y un bol de fideos con pequeñas ostras, en el mercadillo cercano a mi humilde morada. Y unas cuantas botellitas más del licor taiwanés asesino. Oh, ya sabéis. Por aquello de curar las heridas. Los callos y demás. O quizá para curar las penas. O ahogarlas a conciencia...

Llegamos con una orden de alejamiento mutua de tres metros. Sudorosos y malolientes, abandonamos el pegajoso aire del verano en la isla para rendirnos a la voluptuosidad del aire acondicionado (a pesar de la infección en la faringe, soy incapaz de dedicarle una mala palabra). Tocaban las nueve para entonces. Había sido un día agotador. Repusimos fuerzas, malviendo algunos capítulos de "Héroes" y zampando sopas y ostrillas. Nati, mi hermana, llegó a aquello de las once. Para entonces ya estábamos duchados, y decidimos explorar un bar que vimos por Internet. Nada del otro mundo: una mezcla curiosa entre discoteca fosforescente y lounge-bar, eso sí, barra libre incluida en la entrada. Confesaré que me sentía como el escudero tontolaba de Xena: y es que no sé que hacéis las mozas, que os volvéis tan garridas por las noches, que os arregláis tanto que parece que no vais arregladas, que el glamour es inherente a vuestras mercedes. Tan sencillas como un hígado trufado con láminas de foie. Así que me negué en redondo a pasear por la pista de baile paseando como el hipnótico que sigue la estela de la diva, y así se lo dije a mi compañera. Nos adjudicamos pues otra mesa VIP de esas que tanto gustan de abandonar, y nos dedicamos a amortizar la entrada entre charlas y humos.
Volvimos pronto, cargados con más comida (Taiwán es el único sitio en el que sinceramente creo difícil morirse de hambre), dispuestos a intentar ver otra peli. No hace falta decir que no la terminamos, pero esta vez no fue la conversación, sino el sueño, lo que nos rindió. Cuarto fin de semana en la isla, y el aire de aquel se acababa de nuevo...

Como todo domingo de juventud, la boca seca y el sol radiante sustituyeron al gallo de los cuentos. Aún habría tiempo para más: un nuevo paseo por Ximenting, una visita al Taipei 101 (el edificio más alto del mundo. Aunque al Gorbea no le llega ni a la suela.) y otra carrera hasta la estación de autobuses...


Termino por hoy, y hasta aquí la crónica del fin de semana pasado. Sigo prometiendo alcanzar pronto las horas presentes... Aunque los días se me encogen, ahora que mi hermana llena algunos momentos que antes dedicaba estos aires. Para vosotros, por ello, muchos besos y recuerdos,


P.D:Vic................................................................................................................................................................................................................................................¡Me has dejado sin palabras! Genio....
(La rubia de la foto se ha ganado una cojo-pantalla de trpecientos mil machacantes en un concurso de vídeos de la gran Sony)


¡Yiiiiiiiiiiiiiijaaaaaaaaaaaaa! ¡Soy creativa de Sony!

lunes, 30 de julio de 2007

Hoy respiro... pastillas.

Mis disculpas por haber abandonado el blog durante todo este tiempo, pero he malvivido en estado cadavérico durante los últimos días... Así es; tengo una infección de caballo en la faringe, cortesía de un aire acondicionado que me pulula por la garganta mientras ronco a gusto por las noches. Soy, además, bastante contrario a acudir al matasanos, así que los dos primeros días pensaba que era un simple dolor de garganta y un ligero martilleo en la cabeza, por lo que bastaría (ay, ingenuo...) con la tradicional aspirina y largos sueños. Ayer, sin embargo, no podía más: la fiebre era bastante alta, y casi no podía moverme, tan dolorido como estaba mi cuerpo, así que acudí al hospital amparado por el seguro internacional (que me trató estupendamente, pagándome los gastos de medicamentos y de transporte). Y eso. Nada de tabaco. Nada de picante. Nada de comida muy caliente o muy fría. Pastillas cada seis horas... A pesar de mis recelos, esto parece funcionar. Hoy me encuentro mucho mejor, y sólo llevo una noche de tratamiento. Afortunadamente (eso creo) no me he perdido ni un sólo día de currelo.



Dos enemigos acérrimos como la alegría y el aburrimiento tienen un punto en común: ese dilatar las horas en las que discurren, llenarlas hasta el punto de hacerlas inmensas en la memoria, una vez pasadas; las horas alegres, por la satisfacción, por el cansancio mental tras las revoluciones y las chispas; las aburridas, por el tic...tac...tic...



El fin de semana pasado (hasta entonces me tengo que remontar para recuperar el hilo) fue un glorioso cúmulo de horas alegres. El regusto de esos momentos aún perdura, después de todo este tiempo... Son aquellos recuerdos difuminados de los que os hablaba hace unos posts, los argumentos del poeta; y por esa niebla borrosa e impenetrable que los rodea parecen esos días tan lejanos. "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla", según maese García Márquez. Vuelvo a paladear, pues, ese fin de semana, para enviarlo por estos aires a vuestras miradas.



Como os decía, Lin-Lin volvía de nuevo a Taipei, así que mi humilde morada iba a llenarse de nuevo con calor humano. Mi hermana llegaba el sábado por la noche, además, por lo que ya iba tocando adecentar mis rincones. El caso. Tras el curro, quedé con Debbie y Sharon para dar una vuelta por Ximentin (rincón fashion de la ciudad, lleno de japo-taiwaneses o taiwa-japoneses, o una mezcla desordenada de ambos, con una pizquita de horterismo a lo Maruja Díaz), a la espera de que llegase Lin a la capital. Volvimos a encontrarnos con el colombiano Álex (¿os acordáis, el del post de las coincidencias?), que se traía además a otros colombianos de pura cepa (lo que me destorré con su acento, por los clavos de Cristo). Lin-Lin llegaría en mitad de nuestra cena koreana, a la que muy cordialmente nos invitó mi tocayo (Debbie, en pleno ataque de chismorreo, me contó que pertenece a una familia de diplomáticos y que el dinero le sale por las cavidades supraglóticas. Ya me gustaría compartir con él algo más que el nombre. Y no me seais mal pensados.). A la mañana siguiente me esperaba una reunión con una agencia inmobiliaria que planea derruir todos los edificios de mi zona, a la que debía acudir con una chica de la empresa de mi padre (por aquello de las mafias, en fin, ya sabéis cómo las gastamaos los amarillos), así que no pensamos salir de fiesta. Eso sí, Lin-Lin y yo nos agenciamos una botellita de whisky peleón y un frasco de un maravilloso licor chino de euro y medio para animar la noche. Así que tras unas horas de charleta en mi piso y ver unas películas sin ver (esto ya empieza a ser costumbre...) nos fuimos al sobre, que tocaba madrugar.



Me despertó mi amiga a almohadazos, pues ya se me estaba pasando la hora. Pasé mis olores malamente por la ducha y salí pitando, mientras Lin-Lin se iba a la estación de autobuses a por su billete de vuelta para el domingo. De la reunión no me preguntéis, pues nada sé. De lo que sí me acuerdo es de que tenía el ojo a la virulé, no por pelearme con los mosquitos por la noche, pero sí porque uno de ellos me picó --puñetero-- en el párpado durante mi inocente sueño. La hinchazón me duraría medio día, en el que parecía salido de una mala peli de artes marciales. Debbie y Lin-Lin me esperaban en el templo Long-Shan: de nuevo el olor ardiente del incienso, la música, llena de cuerdas y campanas, los colores vivos, las esquinas ornamentadas y puntiagudas, los numerosos devotos... A Lin-Lin, que era la primera vez que lo visitaba, le entusiasmó.
De allí nos fuimos al Chiang Kai-shek Memorial Hall (bueno, aunque últimamente le han cambiado el nombre, el antiguo dirigente del Kuomingtang es para los taiwaneses algo así como Franco para los españoles), donde habíamos quedado con Annie y William para comer. Fuimos a un restaurante de shiau long pau, especie de empanadillas al vapor, pero que milagrosamente conservan caldo dentro, toda una obra de arte culinaria, y por ello imposible de describir. Comimos en abundancia, así que exponernos al carnicero sol fue una tortura después de pagar la cuenta.


Debbie nos abandonó a media tarde; también William y Annie. Así que me lancé a la aventura con Lin-Lin, y nos patemaos Taipei a gusto...Pero disculparéis que siga contándoos estos recuerdos mañana; aún sigo un tanto convaleciente, y el sobre me llama... Prometo actualizarme pronto. Quedan, además, muchas cosas por contar.


No me iré sin publicar la lista de ganadores del concurso del colega el ferh razatblabla:

-Mónica González

-Nekane Celayeta
-Alicia Rivera

-Debbie Vandenheede

-Lo siento Luis, fallaste...Aunque me estoy pensando el llevarte algo, simplemente por contestar.


Pronto cerraré el otro concurso....

Vayan un par de fotos más de la semana de orientación:







Los chicos



Las chicas

domingo, 22 de julio de 2007

Hoy publican mis suspiros (2)

No sé qué sucede estos días, pero parece que los astros se alían para darme gratas sorpresas. Me ha enviado Mónica (¡gracias rojerde!) un archivo con la sección "La carta de la semana" de El Semanal escaneada, ¡y han ganado mis líneas! Aunque vosotros las leísteis en exclusiva, en aquella entrada de las generaciones perdidas (sí, fui poco original utilizándola para dos cosas distintas...); además, la conocéis en su versión íntegra, pues era bastante larga y la han recortado. El caso, que pluma al canto, en parte gracias a vosotros, pues si no hubiera decidido abrir el blog para enviaros estos aires jamás habría redactado esas palabras...Así que os firmaré autógrafos con ella (jeje, se me va a subir a la txino-cabeza y todo...)

Os contaré pronto este fin semana, cojonudo y agotador. Cuidaos, besabrazos,

jueves, 19 de julio de 2007

Hoy publican mis suspiros



No podía dejar de compartir con vosotros esta nueva noticia... A finales del curso pasado, D.Jaime Nubiola, profesor de Filosofía del Lenguaje, me pidió un trabajo mío sobre léxico juvenil para publicarlo en su blog. Pues bien, me acaba de contar que está ya en la web; si bien sé que es un hecho pequeño, me ha hecho ilusión ver palabras mías resonando por la red... Además, gran parte de ese trabajo es vuestro: aunque no os pedí permiso (sorry) algunos de vosotros salís citados como ejemplo. El lenguaje de la Tribu, por otra parte, es el motor del trabajo (aquello del "huele a lirio", "merluza" y demás. No me atreví a incluir el "cogiendo moras" o las frases hechas con "diplodocus"). Para los (escasos) interesados: http://www.escriturafilosofica.blogspot.com/




Vaya un pequeño fragmento de la conclusión:





"Pero caben también otras reflexiones, quizá más aventuradas; de algún modo, el lenguaje juvenil, tan pasional, tan centrado en sensaciones e instintos, arma batalladora en una etapa de la vida en la que la diplomacia y la serenidad aún no rigen la consciencia, recupera el misticismo de la lengua: aquel que en los siglos iluminados creyó que siendo en el inicio el Verbo, magia, música y palabra se unieron en canon infinito formando el universo; aquel que asume que el mayor castigo de los babilonios fue la confusión del lenguaje; aquel, en fin, para el cual lo desconocido es lo que no tiene nombre. Para la juventud sólo es real, actual, moderno, aquello que puede describir. Incluso a sí mismo se busca un mote o una etiqueta con la que abarcar su vida; en efecto, “quién eres” o “qué eres” son preguntas que cualquier joven responde en una palabra. Se hace así esclavo de su lenguaje, y su mayor admirador: para ninguna edad tendrán más sentido los perdones, las gracias o los tequieros.


El lenguaje juvenil se incluye así en las grandes contradicciones de la vida: en apariencia indefinible, por alimentarse de significados distintos, inabarcable por cambiar en cada grupo de hablantes y lugar, incapaz de sistematizarse por rebelde, efímero por morir en la edad adulta, se manifiesta, no obstante, como todo lo contrario en el día a día. Rebelándose contra su propia confusión e inexperiencia en la vida, el joven establece en su habla unas normas y bandos concretos, dotando de sentido al todavía desconocido camino vital. Y lejos de morir, su lenguaje habrá escrito su historia hasta la edad adulta, y, fenicio, renacerá distinto con la siguiente generación. Fugaz, y a un tiempo eterno, perpetúa su definición, generación tras generación, como la música más dinámica y vital en la paradoja del vivir muriendo, y morir viviendo."
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P.D: El próximo miércoles cierro el concurso
¿Acertó nuestro amigo el ferht del bezael ben el rabah gald en su respuesta, obteniendo así la insignia de RTI?, y publicaré la correspondiente lista de ganadores. Para aquellos que todavía no habéis participado, os recuerdo que ya habilité la opción de publicar comentarios sin cuenta en Blogger o Google. ¡Ánimo! El concurso del post Hoy respiro... pequeñeces sigue en pie. He decidido que el premio lo decidirá cada uno de los ganadores, una vez anunciados. Un beso,

Hoy respiro... "¡pa-ta-ta!"(4)

Allá van nuevas fotos. A partir de la semana que viene podré colgar mis propias imágenes, pues mi hermanita trae en su maleta una cámara para mí.



Al margen de las fotos, hoy vuelve Lin-Lin a Taipei. Otros eventos próximos: la entrevista que os contaba (hoy a la tarde, en algún rincón perdido de Taipei), la llegada de mi hermana mañana por la noche y el pronto comienzo de la grabación de mi propio programa, País de artesanos (la cabecera comienza con algo así como "El genio comienza las grandes obras; pero sólo el trabajo las acaba". La frase, por supuesto, no es mía.), en el que entrevistaré a mi tío (como sabéis, mi familia es productora de té, y la fábrica de mi abuelo es patrimonio de la ciudad de Taipei por ser la única que sigue manufacturando el té al modo tradicional). Os cuento, el cuento, en otro momento.






Debbie, Lin-Lin y Susan en la mesa VIP que nos adjudicamos






Susan, Debbie, Lin-Lin y yo, en el mismo descanso del sábado pasado.

Foto de grupo en la primera semana: Sharon, yo, Debbie, Susan, Solomon, Annie, Joe, Will, Wendy, Terry

miércoles, 18 de julio de 2007

Tal día como hoy también respiraron… Efemérides (1)

Hoy es 18 de julio, quinto día del sexto mes en el año del cerdo, según el calendario lunar. Tal día como hoy:


La vocación de San Mateo, Caravaggio





-1610: Muere, a la edad de 39 años, el artista italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio.





-1817: La novelista inglesa Jane Austen abandona este mundo, permaneciendo viva en el ruedo de las letras a través de Emma, Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad.





-1877: El científico estadounidense Thomas Edison graba la voz humana por primera vez [así que en una infinitésimamente larga cadena de acontecimientos este buen yanqui ha permitido que venga a la isla a radiar mi voz al mundo y a vosotros estos aires]





-1925: Se publica Mein Kampf, relato autobiográdico del líder nazi Adolf Hitler.





-1936: El general Francisco Franco y sus secuaces sublevan media España contra la agónica República, conduciendo al país a tres años de Guerra Civil; Franco dirigiría España de modo autoritario hasta su muerte en 1975.





-1955: El parque temático diseñado por Walt Disney para Anaheim, California, abre sus puertas a todas las ilusiones del mundo.




Hoy respiro... a duras penas (2)



Como os contaba, esta semana empezó con trabajos forzosos. La radio ha organizado para esta semana y la siguiente clases de preparación matutinas; adhiriéndome a la opinión de mis compañeros en la sección española, diré que las considero absurdas, por varias razones. En primer lugar, llegan tarde: tras medio mes de prácticas, algunos de nosotros estamos ya inmersos en nuestro trabajo, y las aptitudes que necesitamos para ello las hemos ido aprendiendo en el día a día. Por otra parte, muchos de los practicantes no las entienden (las imparten en chino), por lo que la mayoría opta por un breve sueño reparador. Pero, por encima de todo (y aunque suene perezoso), me sobrecarga los días: a pesar de ser por la mañana, y en horario de trabajo, la cantidad de tareas por la tarde no ha disminuido, sino que se ha incrementado con doblajes y grabaciones diversas. Además, soy el único que realmente está haciendo algo: la mayoría se va a casa después de las clases, o terminan sus tareas antes de las tres, mientras que yo salgo de RTI después de colgar el informativo en la página web (hacia las siete o siete y media de la tarde). Cansancios, pues, en un lunes y martes que comenzaron un tanto melancólicos después de un fin de semana espléndido.


No creáis que no valoro mis nuevas responsabilidades en la radio; al contrario, me entusiasmaría con ellas, si no acabase completamente exhausto. Pero estos agotamientos han llegado a su fin: la fortuna, que me abandonaba el lunes, ha decidido volver a mi vera. La responsable de la sección de mandarín ha solicitado que las clases se trasladen a las dos de la tarde, para que sus practicantes puedan utilizar los estudios de grabación por las mañanas. Así que vuelvo a mi horario habitual, eso sí, malgastando dos horas en las que podría ayudar a mis compañeros. Y es que esa es la conclusión que he expuesto hoy ante el gerente superior de la radio, que ha venido a clase para preguntarnos nuestras impresiones. Alejándome del peloteo del resto de jóvenes en las distintas secciones, he expuesto con claridad que mi objetivo en esta emisora es, por encima de todo, trabajar: no estoy cobrando un sueldo por aprender, sino por colaborar. No quiero que malgasten sus energías y sus recursos conmigo, sino que debo aprender a explotar mis capacidades para ahorrarles trabajo. Ese es mi cometido, y si lo cumplo, volveré, junto con la mochila de sueños cargada, con otra de sabiduría adquirida a rebosar; pero mi aprendizaje vendrá de la mano de esfuerzo. Lejos de mi impresión los primeros días, le contaba, me alegro de que ahora, por fin, los compañeros agradezcan que les reste un poco de su tarea de cada día.

Quizá mi entonación en chino se aleja de lo saltarín del discurso habitual; el caso es que mi supervisora, Patricia, ha interpretado mis palabras en la otra dirección, creyendo que no me encontraba a gusto. Me he apresurado a reconducirle a la opinión contraria, apoyado además por Paul y Luis, que me han felicitado “por ser el único honesto”. Las clases, por otra parte, son una tarea eludible: este viernes, sin ir más lejos, pasaré elegantemente de acudir, pues iré con Paul a entrevistar a una organización benéfica. Me he dado cuenta de que, después de estas semanas, he podido encontrar un lugar aquí: mi voz se emite (soy, de hecho, el único que graba “fuego real”), mis noticias se publican, y lo más importante, los compañeros me han aceptado como uno más.

Los últimos logros: traducción íntegra de una entrevista de veinte minutos a un tal Laplanche, subdirector de la Cámara Económica de la UE en Taiwán, y el posterior doblaje; no cagarla las primeras veces que he estado solo en la cabina, manejando micros, volúmenes, curvas de sonido y frikadas varias; aprender el proceso de colgar las noticias en la página web de RTI; sobrevivir a las americanas que trabajan en la sección inglesa, que ya han decidido por su cuenta que les acompañaré el viernes por la noche (y un chingón). Las habituales traducciones se me dan cada vez mejor, y después de estas semanas parecen acostumbrarse a mi imperiosa necesidad de torturar a la gramática de vez en cuando…

Para aquellos curtidos en esto de las letras les resultará obvio que he pasado por encima de estas crónicas a toda pastilla, sin cuidar un tanto, al menos como siempre, la prosa; no sé, la verdad es que no han sido unos días que me apeteciese mucho contar. Anuncio por ello eventos próximos: el viernes iré con Paul a entrevistar a unas venerables señoras que trabajan en una suerte de ONG; vuelve Lin-Lin a Taipei por la noche, así que volveré a acogerla durante el fin de semana; antes de ello, he quedado con Debbie para cenar y ponernos al día de la semana; el sábado por la noche llega mi hermanilla Nati… No habrá más conversaciones con las cucarachas; por fin alguien en casa todos los días… Alguien real, que se suma a estas palabras que os envío siempre que puedo. Cuidaos mucho, prometo líneas más interesantes en posteriores posts (la aliteración, como siempre, es gratis. ¿Os ha gustado compañeras?), besabrazos,